¿leemos lo que pasa, o lo que quieren que creamos que pasa?
La prensa escrita está perdiendo credibilidad, los periodistas se toman la libertad de inventar las noticias, o les dan su “punto de vista personal”. La prensa seria se vuelve en sensacionalista y los periódicos en empresas puramente comerciales. Ignacio Ramonet explica en un artículo del periódico Le Monde Diplomatique que hay razones externas e internas que causan este suceso.
El auge de Internet con su capacidad de expansión y distribución de información esta poniendo a la cola de los medios de comunicación a la prensa escrita, pero ¿acaso esto debe ser causa para las personas, PERIODISTAS, Mesías de la información, para que olviden su ética y sus valores, y aprovechen su profesión para difundir “falsas verdades”? a lo mejor sus ansias de fama y fortuna superan estos valores, los cuales, cada vez más, se van desvaneciendo con las nuevas sociedades. Pero aún así no es motivo para mentir y jugar con la incredulidad de los lectores, confiamos en los periódicos, y queremos confiar en los gobiernos, que deberían evitar estos hechos tan lamentables, pero parece ser que en la práctica no ocurre, y son los mismos gobiernos los que consienten que se difundan “datos erróneos” sobre las cosas que ocurren en el mundo. Y de acuerdo con Ramonet, los medios de comunicación han dejado de ser medios cuyo único objetivo es tener bien informados a la sociedad, sino que luchan en una guerra de medios, que buscan la máxima audiencia, para que a su vez las empresas de publicidad compren sus espacios.
También nos preguntamos “¿A dónde vamos a llegar?”. No encontramos respuesta, pero suponemos al igual que los expertos que la prensa escrita acabará por extinguirse, lo cual no lo veo perjudicial a la larga, ya que la información vía Internet seguirá evolucionando y los futuros profesionales se adaptarán y tendrán un lugar en los diarios electrónicos, los cuales esperemos que se basen en la verdad y en el contraste y verificación de las noticias.
Y para dar un dato positivo: imaginaros la cantidad de papel que ahorraremos…
Cristina Curiel Foruria.